jueves, 31 de julio de 2008

¿Y ahora qué?

La Paz, 19 de Mayo de 2008

José Luis Bedregal V. es especialista en Gestión Pública

En la confrontación existente entre el Gobierno del MAS y la derecha nacional opositora, ambos han ido ganando y perdiendo adeptos al paso de los golpes que fueron asestando al enemigo, pero también han ido gestando un sentimiento de cansancio, pues la gran mayoría de los ciudadanos de esta nación no vive de hacer política, sino de lo que logra con mucho esfuerzo en el trabajo cotidiano.

Luego del duro golpe recibido por el gobierno el 4 de mayo, éste no consigue salir de su aturdimiento y comienza a defenderse como lo haría cualquier boxeador “grogui” en esas mismas condiciones. Ha insultado al Cardenal e inmediatamente le pide que siga interponiendo sus buenos oficios (¿?); ha dicho que el Estatuto Autonómico fue rechazado por el pueblo cruceño y que el referéndum fue un rotundo fracaso (¿?) y luego que se debe tomar en cuenta la voluntad del pueblo cruceño. Finalmente desde la Corte Nacional Electoral, como corolario de esa desesperación, en otro movimiento insulso intentó frenar los referéndum de Pando, Beni y Tarija emitiendo una torpe resolución sin los formalismos del caso.

Queda claro que quienes ganaron este round fueron los cívicos, políticos y empresarios del oriente con regocijo de los mismos sectores de gran parte de occidente. Sin embargo, no se puede dejar de lado que la victoria del estatuto autonómico, repartió golpes también a sus impulsores, pues el ausentismo y el NO están ahí y son una dura señal del pueblo cruceño y un llamado importante a la concertación regional y nacional.

De aquí en adelante la oposición alargará la posibilidad de negociar y llegar a acuerdos esperando un mayor desgaste del Presidente Morales, esto en virtud a nuevas derrotas previsibles tanto en los referendums autonomistas de Pando, Beni y Tarija como en las elecciones de Prefecto en Chuquisaca. Derrotas que dejarán al Gobierno en una situación muy delicada, que sin embargo sería mantenida de esa forma (sin llegar al jaque mate), con la mira puesta en la finalización de su mandato en condiciones de debilidad tal que lo lleve a la derrota electoral impensable hace apenas un año atrás.

En medio de todo esto y de manera sorpresiva, el Senado se ha apresurado a aprobar la Ley del Referéndum Revocatorio y el Presidente la promulgó con la misma celeridad a pesar de las incongruencias e ilegalidades que ésta conlleva y que cualquier ciudadano podría demandar su inconstitucionalidad. Sin embargo, es en este escenario de desorden en el que la oposición espera una merma del apoyo popular al Presidente Morales.

La revocatoria de mandato de Morales sería una sorpresa para ellos mismos y encontraría a la oposición sin condiciones para afrontar una elección (sin candidato, sin estructura, sin programa y muy divididos a la hora de definir liderazgos); ésto los llevaría a una nueva derrota y la prolongación absurda de esta “crisis” por tiempo indefinido ante la permanencia de la paridad de fuerzas -factor esencial en el conflicto- que no se resuelve convocando a referendums ni elecciones de ningún tipo y que únicamente ocasionarán un dispendioso y millonario gasto con un Gobierno Central y nueve Prefecturas avocadas exclusivamente a la campaña electoral, dejando de lado la gestión pública, paralizando la inversión y dejando en suspenso la atención a las necesidades de los bolivianos, tentación en la que incluso caerán muchos municipios.


El gobierno y los prefectos, de manera prioritaria, destinarán los recursos de los bolivianos a una arremetida propagandística y de movilizaciones de sus grupos civiles en aras de ganar adeptos y denigrar al contrario. Mientras tanto los bolivianos observaremos un año más de parálisis económica y por ende crecimiento del desempleo, pérdida de la capacidad productiva y aumento de la inflación. Los bolivianos veremos día a día cómo suben los precios y aumentan el contrabando y la especulación; no mejoraran la salud ni la educación.

Comienza un nuevo asalto en este enfrentamiento. El Presidente tiene un margen muy estrecho de movimiento, sin embargo cuenta aún con la fuerza de los sectores populares y el apoyo internacional; en tanto los Prefectos de oriente y el sur del país cuentan con el apoyo de sus regiones. Esta pelea todavía ha de durar y en ella pierde el país, pierde nuestra economía, pierden tanto los empresarios como los obreros y seguiremos perdiendo todos mientras los dirigentes políticos (en los que incluyo a los “cívicos”) no se sienten en la mesa dispuestos de una vez por todas a avanzar en la solución de la crisis.

jueves, 17 de julio de 2008

Desarrolo desde el municipio

La Razón, 15 de julio 2008
Desarrollo desde los municipios
Mientras Bolivia destina de manera compulsiva recursos económicos a procesos de confrontación política y múltiples jornadas electorales, la región y el mundo avanzan irremediablemente hacia el desarrollo, profundizando para ello procesos de descentralización de las funciones públicas hacia gobiernos subnacionales. En este caso, nos referimos a los gobiernos municipales autónomos, instancias públicas que han logrado resistir, aunque no sin muertos ni heridos en el camino, al desmoronamiento del Estado nacional.
La tendencia internacional a favor de la territorialización de las estrategias de desarrollo económico es cada vez mayor. Crece la demanda por que las políticas orientadas a la creación y mejora del aparato productivo, así como a la creación de empleo, estén enmarcadas en las condiciones y las características de territorios específicos, permitiendo además mejorar el control ciudadano sobre el uso de los recursos y el ejercicio de la función pública. La descentralización de los poderes del Estado, por tanto, constituye un paso significativo y decisivo en el proceso de democratización de las estructuras políticas, pues como resultado inmediato posibilita el acercamiento entre los ciudadanos y los gobernantes.
Queda claro que es ineludible trabajar en el potenciamiento de las competencias necesarias para que funcionarios locales e instituciones estén en condiciones de gestionar el desarrollo de la economía local como parte sustancial de una estrategia de desarrollo de la competitividad nacional, hoy inexistente por falta de visión de los actores políticos y económicos.
La globalización de las economías, aparejada a la descentralización, demanda nuevas actitudes y responsabilidades tanto a gobiernos como al sector privado. Entre éstas está una mayor descentralización política hacia los municipios que conlleva transferencia de la competencia de gasto y por supuesto una mayor desconcentración fiscal, lo que implica transferencia de ingresos fiscales (impuestos, patentes, etc.). Otro aspecto importante está referido al fortalecimiento institucional de los gobiernos locales, que debería traducirse en la capacitación de los funcionarios públicos, implementación de la carrera administrativa y mejora en la gestión de los servicios públicos, entre otras acciones.
Bolivia no debe perder esta inestimable oportunidad de encaminarse hacia el desarrollo económico y la mejora de la competitividad desde el territorio. Si esto ocurre, posibilitará la tan ansiada mejora de las condiciones sociales de la población, así como el desarrollo económico competitivo y sostenible con la participación activa de la micro, pequeña y mediana empresa que juegan un papel importante en la generación de rentas locales, posibilitando la creación de empleo y el fortalecimiento de los sistemas productivos.
Encaminemos pues los abundantes recursos que hoy recibe el país hacia la inversión productiva en lugar de seguir incrementando el gasto público, recurso fácil al que han echado mano tanto el Gobierno central como las prefecturas en el afán de capitalizar simpatías de orden político y electoral.
*José Luis Bedregal V.es especialista en gestión pública.

martes, 15 de julio de 2008

Desarrollo desde los municipios

(La Razón, 15 de Julio de 2008)

José Luis Bedregal*

Mientras Bolivia destina de manera compulsiva recursos económicos a procesos de confrontación política y múltiples jornadas electorales, la región y el mundo avanzan irremediablemente hacia el desarrollo, profundizando para ello procesos de descentralización de las funciones públicas hacia gobiernos subnacionales. En este caso, nos referimos a los gobiernos municipales autónomos, instancias públicas que han logrado resistir, aunque no sin muertos ni heridos en el camino, al desmoronamiento del Estado nacional.
La tendencia internacional a favor de la territorialización de las estrategias de desarrollo económico es cada vez mayor. Crece la demanda por que las políticas orientadas a la creación y mejora del aparato productivo, así como a la creación de empleo, estén enmarcadas en las condiciones y las características de territorios específicos, permitiendo además mejorar el control ciudadano sobre el uso de los recursos y el ejercicio de la función pública. La descentralización de los poderes del Estado, por tanto, constituye un paso significativo y decisivo en el proceso de democratización de las estructuras políticas, pues como resultado inmediato posibilita el acercamiento entre los ciudadanos y los gobernantes.
Queda claro que es ineludible trabajar en el potenciamiento de las competencias necesarias para que funcionarios locales e instituciones estén en condiciones de gestionar el desarrollo de la economía local como parte sustancial de una estrategia de desarrollo de la competitividad nacional, hoy inexistente por falta de visión de los actores políticos y económicos.
La globalización de las economías, aparejada a la descentralización, demanda nuevas actitudes y responsabilidades tanto a gobiernos como al sector privado. Entre éstas está una mayor descentralización política hacia los municipios que conlleva transferencia de la competencia de gasto y por supuesto una mayor desconcentración fiscal, lo que implica transferencia de ingresos fiscales (impuestos, patentes, etc.). Otro aspecto importante está referido al fortalecimiento institucional de los gobiernos locales, que debería traducirse en la capacitación de los funcionarios públicos, implementación de la carrera administrativa y mejora en la gestión de los servicios públicos, entre otras acciones.
Bolivia no debe perder esta inestimable oportunidad de encaminarse hacia el desarrollo económico y la mejora de la competitividad desde el territorio. Si esto ocurre, posibilitará la tan ansiada mejora de las condiciones sociales de la población, así como el desarrollo económico competitivo y sostenible con la participación activa de la micro, pequeña y mediana empresa que juegan un papel importante en la generación de rentas locales, posibilitando la creación de empleo y el fortalecimiento de los sistemas productivos.
Encaminemos pues los abundantes recursos que hoy recibe el país hacia la inversión productiva en lugar de seguir incrementando el gasto público, recurso fácil al que han echado mano tanto el Gobierno central como las prefecturas en el afán de capitalizar simpatías de orden político y electoral.
*José Luis Bedregal V.es especialista en gestión pública.

lunes, 7 de julio de 2008

Intolerancia que vale

(La Razón, 7 de julio de 2008)

Construir una sociedad intolerante a todo aquello que degrada la vida, ha sido el mensaje del diálogo que llevaron adelante autoridades del Gobierno central, municipios, representantes de organizaciones de la sociedad civil y el ex alcalde mayor de Bogotá, Antanas Mockus.
En este encuentro, luego de analizar los logros alcanzados en la experiencia bogotana, se ha debatido sobre distintas visiones culturales y sociopolíticas y las razones por las que el grado de sometimiento a las reglas de comportamiento en La Paz y otras capitales departamentales es absolutamente bajo. Las causas de esta realidad, que demerita la calidad de vida de nuestra población, tiene factores como la falta de conciencia ciudadana de quienes desarrollan sus actividades en las urbes pero no logran hacer suyas sus normas, pues les son desconocidas, ajenas o en definitiva no perciben que su cumplimiento les reporte una utilidad o beneficio.
La alta movilidad poblacional de un centro urbano a otro genera niveles bajos de identidad y poco respeto al territorio. Esto se une a la falta de visiones interculturales y al carácter poco participativo del proceso de elaboración de leyes e instrumentos legales que tienen como fin regular la convivencia.
Los hábitos y costumbres, muchas veces enmarcados en “valores” culturales, suelen imponerse al bienestar común (fogatas en San Juan, fiestas y entradas folklóricas en vías públicas durante todas las semanas del año, juego con globos de agua en carnavales), sin considerar a niños, ancianos, vecinos o transeúntes obligados a soportar el total descontrol e irrespeto al derecho de los demás. Nuestra convivencia, por tanto, parece estar orientada por el criterio de que “el derecho de los demás termina donde comienza mi derecho”, aspecto tolerado por nuestra sociedad y que refleja una actitud altamente permisiva, según uno de los panelistas.
No cabe duda de que, ante esta realidad, descrita superficialmente en este artículo, corresponde construir una identidad y conciencia ciudadanas que permitan dotarnos de instituciones e instrumentos que nos conduzcan a un cambio de actitud. Entre las acciones están el luchar por la eliminación de la discriminación en la aplicación de las normas y sanciones; diseñar adecuados programas de educación ciudadana con intervención de actores sociales; revisar y generar normas con participación de diferentes sectores de la comunidad; estimular una actitud de cumplimiento a la ley apoyados en las diversas visiones culturales que hacen a nuestra “híbrida identidad cultural”, como lo señaló el Viceministro de Culturas.
Esto sólo es posible en la medida en que renunciemos a costumbres y hábitos negativos en aras de contar con normas orientadas a la consecución de efectos sociales positivos, por encima de aspectos de orden cultural o moral, pues se trata de que todos, aceptándonos como somos, reconociendo y respetando nuestras diferencias, vivamos en una sociedad mejor (...)

CON MUCHO DINERO Y POCAS IDEAS

(Escrito hace ocho meses atrás)

A pesar de la bonanza de ingresos que vive Bolivia, que debiera prepararnos para dejar en un futuro próximo esta situación de pobreza secular, parecieran no existir condiciones que permitan pensar en que ésta es la oportunidad histórica para dar el salto a un Estado moderno enrumbado en el siglo XXI.

Que lejos estamos de una clase política y líderes sociales, que inicie la discusión sobre la necesidad ineludible de contar con un “imperio de la ley”, un buen sistema de derechos de propiedad o una burocracia profesional, factores que entre otros, hacen a un Estado preparado para el crecimiento económico y el desarrollo de su pueblo.

La tradición cultural, casi imposible de modificar debido a la ausencia de liderazgos políticos capaces de propugnar nuevas formas culturales de organización, acción y gobierno, contribuye a lo oscuro del panorama. Es que queda claro que se rifó la oportunidad de discutir y consensuar con responsabilidad y sabiduría estos temas, en un amplio y serio proceso pre constituyente y en una constituyente que fuera capaz de elaborar un texto acorde a las necesidades de desarrollo de casi nueve millones de habitantes que no sólo aspiran a “vivir bien” sino también a “vivir mejor”.

Es hora pues de demandar y producir nuevas propuestas para la cultura y la naturaleza de las instituciones públicas y privadas de este país. Pues nada se ha resuelto hasta ahora ni se ha de resolver con poses y atrincheramientos que responden a intereses limitados e incluso anti nacionales.

Las elecciones políticas han de ser determinantes en la definición de la senda de desarrollo o el camino al nuevo oscurantismo y la confirmación de la inviabilidad nacional. La definición de las futuras contiendas, muchas de ellas electorales en manos del pueblo, posibilitará o no el surgimiento de las nuevas visiones que permitan crear instituciones con mayor grado de legitimidad política ante el pueblo y con alguna resonancia en la cultura e impacto sobre las instituciones preexistentes. Para ello la contribución de todos los bolivianos se hace imprescindible ante esta sequía de propuestas e ideas serias en el campo de la economía y la política.

Sólo así será posible comenzar la construcción de un estado moderno que se proyecte al futuro en condiciones más favorables.

MSc. José Luis Bedregal V.