La Razón, 13 de Enero de 2008
Columnistas
José Luis Bedregal*
A pocos días del referéndum constitucional, los medios de comunicación están jugando un importante papel en el análisis y esclarecimiento del contenido del texto que los bolivianos vamos a elegir como carta que regirá la vida institucional del país por los próximos años, llenando así el vacío ocasionado por la poca claridad e iniciativa de los actores políticos de nuestro país que, nuevamente, han hecho gala de su pobreza intelectual y total falta de claridad a la hora de abordar los temas cruciales para nuestra nación.
En esta línea, es difícil entender el accionar de la oposición, que no ha sido capaz de presentar a la población los puntos fundamentales que hacen de este texto un conglomerado desordenado y contradictorio de artículos que construyen un escenario de lo más inapropiado para el desarrollo económico, al establecer obstáculos constitucionales a las inversiones de corto, mediano y largo plazo. Como ejemplos están los artículos referidos a la propiedad de la tierra y aquellos que hacen a la seguridad jurídica.
A nadie le queda clara la situación de la tenencia de tierras, aspecto vital para el desarrollo de la agroindustria y el progreso del mediano y pequeño productor. Algo mucho peor ocurre con la justicia, que queda a merced de todo tipo de interpretaciones, donde lo único concreto es que quienes la impartan no necesitarán ser buenos juristas sino carismáticos políticos capaces de conseguir padrinos que los respalden políticamente y financien sus campañas; padrinos a los que a la postre tendrán que responder y rendir el imperio de la ley al favor de los albaceas de turno. Si la justicia hoy es absolutamente cuestionable, lo que se pretende hacer es realmente incoherente y reprochable…
Para el desarrollo nacional esto es significativo, pues seguramente habrá que pensar que para los conglomerados económicos y los intereses financieros, ésta será una oportunidad para poner definitivamente la justicia de su lado, aportando generosamente y de manera encubierta, por supuesto, a pretendidos candidatos idóneos. Esto no es ni será nuevo en nuestro país, sólo que jamás habrá existido un escenario tan favorable para ello y, además, constitucionalizado.
Parte de esto es el enigma de la justicia comunitaria, que existe y funciona en las extensas áreas rurales ante la inasistencia y el abandono del actual Estado con distintas expresiones en cada una de las culturas y naciones que coexisten en Bolivia, pero que además no cuenta con una sistematización teórica capaz de articular con el sistema judicial que la propuesta de Constitución mantiene de manera paralela.
Entonces la pregunta es: ¿Cuál de las justicias comunitarias se ha de tomar en cuenta para la convivencia civilizada de nuestro pueblo? ¿Todas? Es decir que en cada comunidad se hará justicia de acuerdo a sus “usos y costumbres” y el que cometa una falta, por no conocer los “usos y costumbres” de las supuestas treinta y seis naciones, ¿tendrá que pagar por ello? Esto realmente es una burla a la racionalidad…
Lastimosamente a la oposición no le ha quedado otro argumento que apelar a Dios frente a la propuesta del MAS… es lo que faltaba (además, si algo se tiene que rescatar del proyecto constitucional es el respeto a la libertad de culto). Particularmente yo le pediría a Dios que de una vez por todas ilumine a las nuevas generaciones para que asuman el liderazgo social, político y económico del país y desplace de un plumazo a esta clase política.
*José Luis Bedregal V.es especialista en Gestión Pública.